Nieve en Mayo

En lo que va de esta semana, que se extiende del hermoso 8 al 14 de Mayo de 2017, ha caído nieve tres veces. Y es miércoles.

Es una nieve de copos grandes, a veces un poco dura, casi como empezando a convertirse en granizo. Cae acompañada de mucho viento, revolcando todo a su paso y dejando puntitos blancos en los carros y las chaquetas de las personas. Dura algunos instantes y luego se derrite, pues la temperatura del ambiente no es suficientemente fría para mantenerla una vez entra en contacto con alguna superficie.

Las personas se quejan, armando conversaciones en las oficinas y corredores de edificios. “Nieve en Mayo, qué clase de primavera es ésta”. “Qué desgracia de clima”. “Cuándo llegará el verano!”. Pero la verdad que no tengo cómo relacionarme mucho con quejas tan específicas. Yo tengo frío desde Octubre, y a pesar de todo todavía me emociona ver nieve caer del cielo. Mis Mayos, hasta esta época, de por sí no incluían ni nieve ni primavera. Yo vengo de un bello calor constante, con una humedad constante, un lugar donde las cosas generalmente están verdes. Si no están verdes están secas y cafés por la sequía (y a eso es a lo que llamamos “verano”). A veces el exceso de nubes cayéndonos encima nos inunda, acabando con personas y plantas por igual (a eso llamamos “invierno”). Pero la mayor parte del tiempo, estamos verdes, medio mojados y calientitos.

La nieve cayendo en Mayo invariablemente hace que la gente me pregunte en qué estación estamos por estos días en Colombia. Yo les cuento que estamos recostados a la línea del Ecuador y no tenemos de eso que llaman estaciones. En la ciudad en la que nací, la temperatura media es de 22 grados centígrados todo el año. (Me repito a mi misma: todo el año). Viviendo en un lugar en el que cada tres meses la cantidad de capas de ropa que debo ponerme se multiplica o divide por mucho, entiendo lo poco que aprecié el vivir en una ciudad como Pereira, en donde la vida no necesita que el clóset cambie cada trimestre, donde los brazos viven expuestos al sol, donde ir a Bogotá es ir a aguantar frío. Donde cualquier fin de semana puede incluir piscina. Donde siempre hay clima para asados y cabalgatas. Qué días soleados, qué clima paradisíaco tenemos allá – tenemos muchos problemas y temas por arreglar, pero juemadre qué potencial de paraíso el que tenemos.

Pienso en mis 16 años de climas pereiranos, y le sonrío a este Mayo pasado por nieve. Ahora que vivo por acá, voy aprendiendo a marcar los años de acuerdo a las estaciones: 2017, por ejemplo, será el año de mi primera primavera en Estocolmo, en la que nevó todo el tiempo mientras el sol, con impulsos ocasionales, salía a ratos a confundir a todo el mundo.  Qué bellos que son todos los climas. Cuánto me enseñan de mí misma, de lo que debo valorar y apreciar…

Los quiero, family :*

Besos y besos

 

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